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¿La serie “La peste”?
Es un peñazo contra España
y pagado por Telefónica

¿Alguien se extraña de que muchos españoles no quieran serlo después de ver este desecho?

Dolça Catalunya
dolcacatalunya.com
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En el centro de Sevilla han decorado un foto de la autora elvira roca bareaescaparate con materiales y disfraces para publicitar una nueva serie, La Peste, producida por Movistar+ y creada por Alberto Rodríguez Librero, un sevillano que se cisca en los sevillanos que hicieron grande su tierra. El guionista es otro sevillano que se odia a sí mismo, Rafael Cobos López.

Aquesta colla es pensa que ens ho empassem tot, y que nos pueden colar como verdadera la propaganda ideológica que esparcieron por el mundo quienes codiciaban lo que nosotros tuvimos. Pero a la especialista María Elvira Roca Barea (¡qué magnífico libro sobre la Imperiofobia y leyenda negra, doctora!) no le timan.
Lea el fabuloso artículo que publicó hace unos días en El Mundo:

“Hay que comenzar haciendo caso omiso a detalles de atrezzo que se clavan como aguijones, verbigracia, esas velas rojas. Nada menos que rojas, con lo caro que era teñir la cera. (…) Hay luces encendidas por todas partes y a todas horas, incluso de día. (…) Que lo único que les faltaba a los pobres religiosos que sustentaban los hospitales con limosnas era gastarse el dinero en velas para tenerlas encendidas de día. (…)

Cuando afronta el cap. 2 el espectador avisado ha comprendido ya que estamos todos: el irremediable cura que maneja en las sombras toda la trama (¿saben los creadores de la serie de dónde viene este personaje y que lo han heredado?), el oro como única obsesión de los españoles en el Nuevo Mundo, la incapacidad nacional para la industria y los negocios… Esto, claro está, viene aderezado a la posmoderna con su sexo, su gay, su poquito de género y su canesú.

En la fábrica de añil escuchamos lo que requiere la puesta en escena de esta Sevilla roñosa y repugnante: «Se exporta a Flandes. Debe ser de las pocas fábricas sevillanas que exporta algo». Pero resulta que se exportaban muchas manufacturas locales desde ese puerto: loza, paños, libros, vino, sal… y hasta sofisticados productos farmacéuticos trasatlánticos como la quinina, que era el no va más de la medicina de la época. (…)

Naturalmente el protagonista vive perseguido porque es el impresor que alumbró la famosa Biblia del Oso y estuvo relacionado con un grupo protestante local: «casi todos tuvieron tiempo para escapar a Ginebra, yo no». Pues no le arriendo la ganancia, porque si hubiera podido, como pudo Servet, ir a buscar refugio en los faldones del calvinismo, le hubiera ido bastante mal. Primeramente le hubiera sido imposible ir a emborracharse en los mesones, cosa a la que es muy aficionado. Estaba el alcohol muy prohibido en Ginebra. Tanto que tuvieron que cerrar todas las tabernas. Pero en el caso de que lo hubiera conseguido y proclamado alegremente a gritos, como hace el protagonista, que «Dios está en todas partes… en las frutas, en los pechos de las mujeres (…), en las música y los órganos (…). Todo es Dios», los diáconos de Calvino lo hubieran quemado varias veces. La primera por borracho. La segunda porque la música (y hasta el toque de campanas) estaba prohibida en Ginebra, y la tercera por panteísta. Confundir a Dios con sus criaturas es creencia intolerable en la Cristiandad oriental y occidental, entre católicos y protestantes, entre musulmanes y judíos. Cabe preguntarse si quien escribió el monólogo del mesón cree que lo dicho es cosa remotamente protestante. (…)

En el mar de tinieblas católicas en que le ha tocado vivir, el médico (confusamente tocado con un gorrito que recuerda la kipá judía) se queja con amargura: «Son piñas. Una fruta de Indias. Los indios la utilizan para cicatrizar heridas… Si la Iglesia supiera todo esto lo quemaban todo conmigo dentro. Por brujo. Con la mitad de todo lo que aquí hay se podrían curar más de cien enfermedades y, sin embargo, tengo que esconderlo». Qué lamentable error de localización. Si lo que apetece es quemar brujas no es a Sevilla donde hay que ir a rodar, sino a Ginebra o a cualquier territorio germánico o protestante en general. Por miles. Y ya no hace falta ni tirar de bibliografía para informarse. Basta con la socorrida y democrática Wikipedia. Búsquese «caza de brujas» y luego el apartado «Distribución geográfica».

En fin, tengo más de 10 páginas de disparates que no hay espacio para comentar. Pero hay dos que no se pueden dejar pasar: la traca final quemando herejes en un Auto Sacramental y la frase del último capítulo a modo de colofón de todo lo anterior. España produjo exactamente 12 mártires para el protestantismo, los cuales han dado lugar a tantos libros, comentarios y menciones que parecen doce mil. Los mártires católicos que produjo el protestantismo pueden competir con la guía de teléfonos de una ciudad mediana. Y con esto llegamos a la frase genial: «Se embarcan los deshechos, los que aquí no tenían futuro, esperando volver a empezar». Hay pocas migraciones en la Historia de Occidente más supervisadas, cuidadas y mimadas que la que fue al Nuevo Mundo desde España. A Cervantes no le fue permitido viajar. ¿Por qué? Pues porque no tenía oficio ni beneficio. Había sido soldado pero ya no podía serlo tras quedarse manco. Y había que evitar que las Indias se llenaran de aventureros sin cualificar.

Así vamos educando a las nuevas generaciones en la misma idea, venerablemente antigua y muy, pero que muy carca, a saber, que la historia de España, hasta en su momento de esplendor, no ha sido otra cosa más que roña, ignorancia, corrupción, intolerancia y tinieblas. (…) Movistar ganará dinero, como lo ha ganado Oro, a costa de la reputación de España que, como no es de nadie, puede ser dañada sin que se exija reparación. (…)

Son muchas las series y películas sobre el portada del libro Imperiofobia y Leyenda negraperiodo Tudor [en Inglaterra], y en ninguna se menciona las horribles persecuciones religiosas que tuvieron lugar en aquel reinado del terror. Nadie ha visto nunca reflejada en las series de ficción cómo eran las atroces ejecuciones de católicos y también de cuáqueros, anabaptistas y otros: hanged, drawn and quartered, según rezaba la fórmula. De todos los que no eran anglicanos. (…) Llevamos siglos repitiendo lo que escribieron y fabricaron los enemigos de la hegemonía española. Siempre copiando lo que dicen pero nunca copiando lo que hacen.

La serie está teniendo un gran éxito. Así nos va. Efectivamente, la peste es la ignorancia“.

¿Hay alguien en Marca España encargado de que explicar a Telefónica que su serie nos insulta y denigra a España? Hi ha cap artista a Espanya que no vulgui fer ideologia i serveixi la veritat? ¿Por qué Telefónica acogió durante tantos años como consejeros a los separatistas David Madí y Carlos Colomer? ¿Alguien se extraña todavía de que muchos españoles se odien a sí mismos y abracen el nacionalismo? Quizás alguien quiera preguntárselo a Telefónica (prensatelefonica@telefonica.com).

Deje de perder el tiempo con La peste y compre aquí el libro de Roca Barea Imperiofobia y leyenda negra. Es el libro del año y una vacuna excepcional contra el auto-odio que nos quieren inculcar los mandarines que dirigen nuestra cultureta.

Dolça i pestífera Movistar+…


                                              Artículo publicado en Dolça Catalunya.